Tercer día: Miedo

Curiosamente fue en la temática de miedo que dos de los directores originalmente incluidos en el proyecto lo abandonaron, por lo que vimos dos obras y dos lecturas que ya están en montaje con dos nuevos directores para concluir los tres espectáculos. También fue el único de los espectáculos que ligo una obra con la siguiente. Una buena coordinación de los directores, en este caso Hilda Valencia y Alejandro Cabral. Debo confesar que este fue el grupo de textos que me pareció menos interesante, principalmente por la obviedad al manejar el tema, con excepción de la obra de Carlos Sánchez Araña patona, que trato de llevar el miedo cotidiano.

Ella lo sabe de Alejandro Flores, con dirección de Hilda Valencia fue la primera obra. La dirección resuelve muy bien el texto fragmentado y reflexivo de Flores, aunque hay partes de la anécdota que no son del todo claras. No es claro si la actriz Rosella Plascencia se desdobla en diferentes personajes como parece por los diálogos o es el mismo personaje haciendo comentarios sobre otras situaciones, esto porque es el mismo tipo de actuación. El miedo en este caso es al SIDA, más a saberlo que a tenerlo.

En Se Balancea de Roberto Corella, dirigida por Alejandro Cabral volvemos a ver Luis Soberanes y Gabriela Aínza que realizan un estupendo trabajo en la obra Después de la fiesta. En esta ocasión representan a una pareja y aunque nuevamente tienen un muy buen trabajo actoral es imposible no comparar su energía y su dinámica de la obra anterior en la que eran amigos y en ésta donde realmente nunca crean el lazo de pareja. Afortunadamente se convierte pronto en una venganza y ahí funcionan nuevamente. En esta obra lo que se muestra es que siempre hay un miedo mayor, un hombre teme a los recuerdos de su mujer, una mujer teme la violencia de su pareja y cuando él está apunto de matarla siendo el escalón más alto en la pirámide alimenticia de ese hogar aparece un tercero que lo cambia todo.

Después se leyó la obra La lección del profesor de Gerardo Peña, aunque ahora la puesta en escena la dirige Wichy García, pero a mí no me tocó verla. La obra recurre a una historia recurrente de asesino serial, sin ninguna aportación. Lamento decir que, incluso en su brevedad, fue muy predecible.

La última fue Araña patona de Carlos Sánchez bajo la dirección de Julio Perea Guillén. Esta se presentó como lectura dramatizada, pero ya con mucho camino recorrido en cuanto a la interpretación. Seguramente que es un reto para los actores (Isaac Velarde, Gilberto Castro y Álvaro Peralta) ya que los personajes son drogadictos con un habla particular y de evidente estrato social bajo, pero cómo hacerlo sin exagerar, sin justificar o sin prejuicios.

Hasta el momento en que vi la lectura me parece que lo resolvían hábilmente. No de manera antropológica, ni naturalista o mimética, sino creíble, orgánico y sensible que se apoya en el buen manejo de lenguaje del autor. La araña patona es un mal viaje de uno de los personajes, la forma más inmediata de interpretación del miedo en esta obra, pero se abordan muchos miedos cotidianos, sociales y personales de manera sutil. El final es conmovedor y desolador porque uno sabe que los personajes están atrapados en ese círculo y que sus intenciones de cambiar no son suficientemente serias, aunque queda la esperanza de que algún día lo sean, muy pequeña, pero esperanza al fin.

Fuente: Teatro Mexicano

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